#8. Mariposa
Creatober — Komorebi-blu
Hoy en una nueva entrega del reto del Creatober de Komorebiblu. Admito que cuando vi la lista de prompts este era el que más estaba esperando hacer (y cuando llegó el momento me costó encausarlo en un principio, pero nuevamente el soundtrack de Silent Hill salió al rescate)
Los bosques son cuna de grandes tesoros escondidos, de criaturas, flores y plantas capaces de maravillar a cualquier espectador, así como también capaces de devorar hasta no dejar nada atrás, de roer hasta el último hueso y partícula del alma. Aún así siempre habrá algo o alguien dispuesto a adentrarse en ellos en una búsqueda o bien en una temeraria demostración de valentía. ¿Será parte de la magia de los bosques?
Un objeto importante extraviado.
La ambición de hacerse de tesoros y riquezas.
Curiosidad de sus misterios.
Escepticismo de sus maldiciones.
No importaba cuál de esas motivaciones les llevara al bosque, no había advertencia o amenaza que lograse persuadir a aquellos que iban a dar a la linde del lugar para terminar por internarse en sus profundidades contra todo juicio o cordura.
¿Qué es lo que buscas?
Un alma por otra.
No le importaba lo que debiera hacer o sacrificar. Debía llegar, así fuera arrastrándose, cual animal herido que vuelve a su madriguera a las puertas de la muerte. Regresar al origen, su cuerpo jalado por hilos imaginarios que guiaban sus torpes pasos en la penumbra, trastabillando entre espinas y malezas de la profundidad del bosque, buscando el camino para culminar su peregrinaje a como diera lugar.
Había gente que se dejaba llevar por historias, leyendas y rumores que giraban en torno al bosque y sus “milagros”, así como también habían otros que buscaban respuestas, sin medir lo que pudieran llegar a encontrar más temprano que tarde... o que ese algo los encontrase primero.
—Sus ojos no ven ni un ápice de luz —una letanía entonada en una voz quebrada, pesada, a tropezones, hasta con un extraño y frío desapego— La vergüenza del pasado sombra es —sus pasos igualmente cansados se arrastraban, sin importar las llagas que hacían las ramas y espinas a sus pies.
Estaba en busca de algo... ¿Algo? ¿Qué? No sabía, pero aún no lo había encontrado.
—Mi sangre es tu cuerda, mi alma ofrenda es. Tus alas mi destino, en tu pecho me acunan, a ti me han de...
Se detuvo. Su pie había chocado contra algo.
¿Quién diría que hasta en medio de las profundidades del bosque alguien podría encontrar abandonada una rudimentaria caja? Nada especial más allá de lo que en algún momento fue una elegante y bien pulida madera, probablemente sellada con un cristal, del cual sólo quedaban esquirlas. ¿Será algo que fue a parar allí por azares del destino? ¿O algo que quiso ser enterrado, oculto del mundo, pero aún así halló su camino de regreso a la superficie? Fuera cual fuese la razón, se podía percibir la sensación de estar ante algo prohibido.
Lo había encontrado. Esto era lo que estaba buscando.
—Aquí está —sus piernas flaquearon, como si el hilo que la sostenía sólo por fuerza voluntad hubiera sido cortado, haciéndola caer de rodillas al suelo cual marioneta.
Sus manos temblaban, avanzando y retrocediendo en su intento de tocar la caja que yacía frente a ella medio enterrada entre la maleza, luchando contra algo invisible que la impulsaba irresistiblemente a coger la mariposa que descansaba al interior de la caja.
—Mi señor, ya puede salir. Es libre —la mariposa yacía delicadamente entre las palmas de sus manos, pareciendo irradiar una tenue luz en medio de la penumbra, emitiendo pequeños destellos desde sus alas, cual luminosas esporas.
Crack.
Un sonido claro y prístino resonó en los alrededores. Algo resquebrajándose con cada latido, con cada suspiro que salía de sus labios. Crack, crack, crack. Líneas negras deslizándose por sus dedos, subiendo con cada crujido hacia sus brazos, trizándose, rompiéndose.
Y cayendo a pedazos.
De cada grieta manaba una espesa brea negra quemante y ulcerante, que de alguna manera parecía tener un lustre iridiscente mientras goteaba hasta formar pozas en el suelo, entrelazándose con las raíces del bosque. Su cuerpo se hacía cada vez más pequeño, sus piernas perdían las fuerzas con el suelo acercándose a su rostro, ¿o era al revés?
—Qué hermosas... —murmuró al ver la mariposa posada en su mano y las flores con sus enredaderas que parecían nacer de la brea que se deslizaba por entre los resquicios que dejaban las grietas por todo su cuerpo— Mi señor, puede llevárselo... todo.
El viento se llevó su último susurro y de la joven sólo quedaba una poza de la tornasolada brea, de la misma alzando el vuelo un centenar de mariposas cual insecto saliendo de su crisálida y revoloteando pesadamente, como buscando quitarse el peso de la vida que cargaban en sus alas.
Excepto una.
La mariposa con una luminosidad nacarada permaneció posada en el espeso líquido, hundiéndose en el mismo, lentamente formando un caparazón hasta elevarse y alcanzar la altura de un humano cubierto en una capa de escamas semejando alas de mariposa.
Él había despertado.







SIEMPRE ME QUEDO CON GANAS DE SABER MASSSS. Cómo siempre, fan de tus relatos tan cinematográficos 💞💞🥹🥹✨️✨️